Treinta y un años de existir, un poco más de maquillaje, y un poco menos de cintura pero estoy aquí, claro con dos canas que se resisten a ser expuestas y que koleston las convence de mantenerse en el anonimato, con más carga emocional pero con mejores satisfacciones personales, con recuerdos más lejanos cada día, pero con vivencias en verdad dignas de ser contadas, con el "doña" cada día más cerca y el "Srita." cada vez menos escuchado, en fin que la vida misma es un contraste cada vez mayor apenas hace dos años sólo eramos tres y aún más hace 8 eramos dos , hoy somos cuatro y que feliz me hace eso...
Aún así hoy tengo ganas de recordar, por ejemplo el episodio más largo de mi vida y del que casi nunca hablo (prefiero no ser la típica chica de pueblo que añora su terruño) pero sí, lo acepto soy una chica de pueblo, nací un 29 de mayo en Cintalapa de Figueroa, de ese Figueroa que escribió por el arte, y la zandunga, soy de la tierra de los nitus, o los chimbombos, crecí en la 2a. oriente sur, en el barrio de guadalupe, y crecí descalza ( porque así me gustaba estar) jugando en una calle de tierra y polvo, jugando a la tiña, o encantados, jugando beis, fut y hoyito, invento nuestro por demás divertido, crecí cantando el puente se ha rompido, y diciendo ponchi, a cada aut en el partido, en fin tener una bodega de cervezas a lado de mi casa facilitaba el juego de las escondidas y a veces nos subiamos a la camioneta de reparto y recorriamos las calles de mi pueblo como si aquel paseo fuera lo máximo.
En verdad la adolescencia en Cintalapa, era un asunto más alla de lo imaginable, aunque también era más simple que ahora, era un acontecimiento pues nuestras madres se encargaban de enseñarnos a comportarnos como todas unas señoritas, a usar los tacones y a usar ropa en verdad formal, también era el tiempo que esperábamos que llegaran los amigos que estudiaban fuera y nos contaran todas sus chocoaventuras de la semana, ellos en verdad eran cosmopolitas, que envidia...
No nos preocupaban las drogas era algo que estaba tan lejano a nosotros, no era ni siquiera un pensamiento mucho menos una preocupación para nuestros padres, jugábamos basquet, y montábamos bicicleta, en las noches nos emperijoyábamos y saliamos a lucir nuestra ropa (que era la más fresa y moderna del pueblo) y platicábamos en la casa de la esquina, si era fin de semana era religioso ir a la bombilla, unas sincronizadas, una naranjada y larga charla...
Sinceramente mi vida en Cintalapa fue maravillosa, no lo puedo negar, el primer beso, los mejores amigos, la veintena de pretendientes y recuerdos entrañables...
Hoy casi nunca voy a mi pueblo natal a qué? todos aquellos que fueron parte de mi vida, ya no están, como yo salieron a buscar su destino, los que quedan son las dos vecinas solteronas que hasta hoy siguen pintando su casa de colores extraños y sentándose en la banqueta a ver pasar el tiempo, solas, y con 1000 años encima, quedan en el parque del centro las nieves de don arsenio que si bien ya no está el señor a quien debemos el nombre, sus hijas y nietas tratan de conservar intacta la receta, y quedan calles sin pavimentar, recuerdos que no se pueden borrar, y una casa ahí en el barrio de guadalupe que apenas es la sombra de lo que yo llamé hogar...
No casi no voy a Cintalapa, y poco espacio o casi nulo ocupa en mis conversaciones, pero no lo he olvidado; a los 17 años salí con la firme promesa de no regresar jamás... pero, nunca jamás es sólo una frase, aún falta mucho por vivir, quien sabe.
Por lo pronto sigo aquí a una hora de distancia de mi terruño, a 78 kms, a 14 años del adiós, pero no lo olvido no podría, de hecho recuerdo a las lupitas, a la cuqui, a sam, milo, julio, more, herón, sergio, alfredo, pocos siguen ahi, pero los que se quedaron gracias por hacer de mi vida lo que es...
Hay cómo lo quiero mi Cintalapa.. con su boulevard!