
Como la primera vez lo esperaba, es invariable, el romance existe, el amor es, cada noche toda ataviada, toda reina, toda luz..., espera que la bese, que la toque, que la acaricie, que la haga suya como la primera vez.
Ella es la diosa, la princesa, la amante, la que espera, la esclava de su amor, porque sin él ella no es nada, porque sin él, ella simplemente no se ve, porque sin él los otros, los románticos, los amantes, los amados, las que sueñan, las que lloran, los que sufren, los que sienten, los noltálgicos están solos.... no la ven.
Es la musa, ella inspira, pero sólo si él, su amado la toca con el calor de su cuerpo, sólo si él la ve, claro, él sin ella sólo es resplandor que ciega, poderoso, distante y soberbio, embriagador. Sólo ella sabe reflejar su lado más romántico su brillo más tenue el que acaricia, el que envuelve en la noche estrellada el reflejo del amor.
Hay noches que ella deja que otro cuerpo se interponga, y sin poner resistencia poco a poco va cubriendo su piel blanca y delicada, fría, inspiradora, solitaria, poco a poco deja que otro cuerpo la acaricie, porque sabe que es sólo un momento, porque sabe que su amor la observa, la deja ser, porque sabe que con ese intruso a otros poetas inspira, de otra forma, claro, pero es hermoso es poético y porque los enamorados saben que no es traición, solamente es un amor eterno que sufren de vez en vez, una separación.
Él la ama y poco a poco empieza como todas las noches a acariciar su piel, a besarla a decirle que su amor jamás dejara de ser, que ya pasó, que es de ella, y vuelve a alumbrarla toda hermosa, toda llena, para ser la musa amante de todos los enamorados...
